viernes, 21 de junio de 2013

PALABROTAS


PALABROTAS
CASIANO LÓPEZ PACHECO
Sin Juan Manuel Sánchez Gordillo, el mundo parecería un lugar carente de sentimientos y sensaciones, oscuro y gris. Un enclave perfecto para que los  oligarcas, los terratenientes, los ricos que no entrarán por el ojo de una aguja, los panzudos burgueses y potentados que medran con la desgracia ajena, se multipliquen como esporas de una punta a la otra de la vasta tierra.
Un paraíso, en resumen, al que sólo el látigo de este Mesías del CUT y del SAT, azota sin remisión ni remordimientos a la menor ocasión que se le presenta. Su frase reciente y antológica “ Que la Europa de los mercaderes se vaya al coño de su puta madre” es una espada flamígera que incendia el aire estival; es un escupitajo  en toda la faz de los inmorales; es una bofetada capaz de partir  los labios a cualquiera. Porque dicha así, duele y escuece.
Duelen sus palabras más que un beso del ex duque de Palma a la melancólica Infanta, que ya ha sido demostrado, no trapichea con ninguna finca; más que los sobrecitos con sobresueldos que se llevaban las mesnadas del PP; más que el timo de las preferentes; más que la frialdad de la mirada y el gesto torvo de José Bretón; más que la diabólica guerra en Siria; más que la mierda de pensiones que cobran nuestros padres; más que los recortes en becas y en investigación que padecemos; más que el escándalo de las nuevas directrices en Educación ordenadas por la Junta de Andalucía, para que se expidan títulos de la ESO, incluso con asignaturas pendientes y si esperar a septiembre.
Más que la corrupción perpetua que salpica al PSOE; más que el dinero de los ERES con que se financiaban dos conocidos sindicatos;  más que el hambre y la malnutrición que comienzan a sufrir miles de escolares españoles; más que haberle robado los titulares al nuevo Coordinador regional  de IU en Andalucía, Antonio Maíllo con esa frase vomitada a hierro ante el plenario.
Y así podríamos continuar indefinidamente porque no hay día que no traiga su afán.  Lo de la crisis nos aburre, por cansino. Por eso, nos gusta este personaje extraído de Novecento. Con sus barbas, su sombrero y su camisa a cuadros que nos sublima con la espontaneidad de su verborrea y lo imprevisible de sus acciones, tales como ocupar simbólicamente fincas que ya han sido expropiadas parcial o totalmente por papá Estado junto al amigo Cañamero como compañero de aventuras.
Su lengua ágil va más rápida que su pensamiento y eso, en su caso, siendo ex docente, Alcalde de una Comuna y parlamentario andaluz, a veces, no supone una ventaja sino un inconveniente. Se puede decir lo mismo, pero con exquisita educación. Coño.