jueves, 25 de abril de 2013

EN EL DIQUE SECO



EN EL DIQUE SECO
CASIANO LÓPEZ PACHECO
Y a veces sucede que el duende de la inspiración se queda dormido, que las musas no acuden a mi llamada y no se me ocurre nada que escribir. Lo mismo que hace un año, las mariposas de la creación se desvanecieron y no me viene ninguna idea para pintar.
Resulta paradójico pero tengo la cabeza en continua ebullición a pesar de que no llegue a materializar nada. Con un millar de ideas que bien podrían ser plasmadas en un lienzo en blanco que en un papel impoluto. Sin embargo, no sucede el milagro.
En la habitación, los objetos descansan quietos. Los pinceles dormitan en los estantes, junto a los libros cerrados. También, las tablas esperan una mano de imprimación antes de empezar el ritual.
Me gustaría retomar la disciplina del arte con la ilusión y el ímpetu de otros tiempos, cuando llegaba al estudio y me quería comer el mundo. Ahora estoy detenido, en el dique seco. Agazapado, inquieto, alerta.
Sé que este paréntesis no ha de durar mucho. Que pronto brillará la primera idea que desplazará a las demás y que logrará abrir la brecha por la que se desbordará toda la experiencia y los sentimientos acumulados.
Así comenzará otro período. De lo viejo surgirá lo nuevo. Los ojos que ahora sólo miran, podrán al fin, ver. Y las manos, que parecían amarradas se moverán con absoluta libertad y destreza recuperando las habilidades dormidas.
Es como un cuerpo sonámbulo al que nadie acaricia. Bastará con el primer roce de un cuerpo distinto, de unos labios ávidos, de unos ojos que brillan, de un corazón que lata por ti para que el milagro se produzca y la magia y el deseo resurjan, multiplicados por mil, por cien mil acaso.
Muerta la rutina, renace la ilusión. De las cenizas se eleva un fénix deslumbrante que se alza, esplendoroso en lo más alto. Similar al amor, que sobre los despojos que el descuido, el desaliento, las traiciones y el desinterés han creado en el devenir de los días, lleva, no obstante, y sin saberlo,  sembrado la semilla del relevo.
De un nuevo amor que suavizará las esquirlas hirientes del primero, igual que el mar va puliendo lentamente las piedrecillas, las conchas y los cristales. Como una ola que borra en la orilla los nombres encerrados en un corazón de arena y los arrastra mar adentro, para poder escribir cuando el momento sea propicio, el nombre inesperado que cubrirá el vacío, que dará un sentido a lo que ha de venir.